Hoy he leído una noticia que puede considerarse "simpática" por aquello de que no tuvo consecuencias.
El Primer Ministro británico, David Cameron, y su mujer se olvidan de su hija mayor de 9 años en un pub tras pasar la tarde con unos amigos. Dicho así parece una salvajada y más tratándose de quién es.
Pero todo tiene una explicación. La niña se fue sola al WC y mientras hacía sus necesidades, sus padres decidieron marcharse. Como por seguridad deben ir en coches separados, cada uno pensó que la niña iba con el otro.
Al llegar a la casa presidencial, se dan cuenta de que falta una niña ¡¡¡¡¡ Qué horror ¡¡¡¡ Menos mal que sólo pasaron 15 minutos desde su abandono y la niña esperaba pacientemente en el pub. Ni que decir tiene que la niña estaba en perfectas condiciones.
En Gran Bretaña se ha abierto un debate sobre la conducta de Cameron.
Y yo me pregunto, ¿quién no ha perdido alguna vez de vista a alguno de sus hijos? ¿quién no ha sentido alguna vez la ansiedad por no encontrar a un niño? En la playa, en un supermercado, en el parque...
No intento justificar lo que ha sucedido, pero tampoco creo que haya que crucificarlos.
Afortunadamente, no pasó nada de la misma forma que pasa en la mayoría de las ocasiones.
Pero también debemos de recapacitar y aprender que por más que uno ponga medios o vigilancia, nunca hay que relajarse, siempre hay que estar alerta ni dar por supuesto donde pueden estar los niños.
A mi me ha pasado alguna vez, de tener algún despiste, y se pasa una angustia que no sabría como describirla.
En fin, que con los niños siempre hay que tener mil ojos y no bajar la guardia bajo ningún concepto.

1 comentario:
Un malentendido, sin duda.
Es angustioso, a mi me ocurrió hace treinta años o así...
Desapareció en las puerta de casa. Los minutos pasaron, y los minutos se convirtieron en media y luego en una hora, y la noche se echaba encima.
No aparecía y el corazón se me salía del pecho. Cuando llamé a la madre se desataron las alarmas y cinco personas caritativas, anónimas, se interesaron por mi y comenzaron a tomar decisiones. La noche, la soledad, la ausencia, la polcía, el dónde estará...
Una hora, tal vez más, y el niño, David, que estaba en la casa de nosé quién viendo no sé si Barrio Sésamo, o Mazinger zeta...
Lágrimas mezcla de impotencia, enfado y alegría. Un azote y un beso. Todo y nada.
Tremendo!!!
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